En lo alto de una
colina, y sobre restos de un castillo que fue estancia temporal de
Enrique III, Juan II, Enrique IV y Reyes Católicos, se alza hoy este
grandioso monumento felizmente restaurado gracias a su cesión
al Ayuntamiento de La Adrada por parte de la familia García Moreno,
antiguos propietarios del castillo, y al impulso de varias instituciones
que lo han transformado en el Centro de Interpretación Histórica
del Valle del Tiétar. Aquel
castillo, cuyas ruinas hasta hace bien poco contemplábamos, se
debió construir sobre otro más antiguo de origen romano
(quizás también sobre un castro celtíbero anterior
) y en donde, según la leyenda el
rey Alfonso VI mantuvo un romance con la bellísima princesa Zaida,
hija política de Abenabeth, rey de Sevilla, es decir Muhammad
Abbad al´Mutamid (1040-1095). La bella dama se casó con
el rey castellano, poco antes de conquistar Toledo;se acomodó
en la corte castellana, renunció al islamismo, corriendo el riesgo
de muerte que tal acción suponía entre los mahometanos,
y se bautizó en Burgos con el nombre de Isabel.
Pero,según se relata en el libro Castillos de Segovia y Ávila
de Javier Bernad Remon (Ediciones Lancia, 1990), el origen de este castillo,
parece provenir de finales del siglo XIV cuando el rey Enrique
III concede la villa de Adrada al Condestable Ruy López Dávalos quien
debió edificar este castillo de sillería y mampostería granítica aprovechando
los restos anteriores o incorporando una iglesia , sirviendo como lugar
de esparcimiento de la realeza y nobleza castellana que encontraban
en los hermoso valles y montes que le rodean abundante caza, más
que para acciones guerreras.
En el siglo siguiente se levantó la torre del homenaje y se construyó un gran cubo artillero para adoptar las defensas al uso, y ya en el siglo XVI, olvidadas y desaparecidas las banderías nobiliarias y los conflictos interiores, el castillo se transformó en palacio renacentista porticado según el uso castellano.
Puerta de entrada al castillo, a través del puente levadizo. A la izquierda se puede observar el escudo de armas de Álvaro de Luna.
Su posesión pasa a manos
de D. Alvaro de Luna, en tiempos del rey Juan II y tras su caída en desgracia
y ejecución en 1453 forma parte de los bienes de la corona, hasta que
su sucesor Enrique IV lo vuelve a ceder a manos nobiliarias en la persona
de su favorito D. Beltrán de la Cueva quien lo mantiene para sí y sus
sucesores con el título de marquesado en el siglo XVI. En el XVII pasa
a la casa de Montijo familia que lo detenta hasta mediados del siglo XIX
en que pasa a la de Alba.
Según se relata en el libro "Castillos y fortalezas de Castilla
y León", de Fernando Cobos Guerra y Jose Javier de Castro
Fernández, publicado por Edilesa, parece ser que este castillo
de La Adrada, junto con el de Arenas de San Pedro y otras posesiones,
estuvo en litigio entre Juana Pimentel (la viuda de Álvaro de Luna, conocida
como "la triste condesa") y el Marqués de Villena, que
se quería casar a la fuerza con su hija María, y tomar posesión de sus
tierras. La primera obtuvo la ayuda de Iñigo López de Mendoza (el
futuro Marqués de Santillana, más famoso por su obra poética), que se
casó primero con María. El rey Enrique IV requisó sus posesiones (incluyendo
el castillo de La Adrada) el 10 de abril de 1461, pero Juana se sublevó.
Según la crónica: "bastecio e pertrecho e puso gentes
de armas de pie e de caballo en las fortalezas de Arenas e el Adrada ...
fasiendo movimientos e poniendo mayores bolliçios e escandalos".
Al final fue derrotada, y el hijo del Marqués de Villena se casó con su
nieta, pero retuvo el castillo de Arenas de San Pedro, mientras que el
de La Adrada parece que pasó a poder de los duques de Albuquerque, ya
que fue donado por el mismo Enrique IV a D. Beltran de la Cueva (el supuesto
padre de "la Beltraneja", según las malas lenguas). Junto
con el de Mombeltran (propiedad de la misma familia) controlaba la ruta
entre Castilla la Vieja y Toledo.
De este castillo solo quedaban ruinas,
pero se ha podido restaurar gracias a la intervención de varios
organismos europeos y españoles, con fondos F.E.D.E.R , con las aportaciones
y el entusiasmo de La Junta de Castilla y León , La Diputación Provincial
de Ávila y el Ayuntamiento de La Adrada .
El resultado final de
esta impresionante restauración, ha sido más espectacular
de lo que en un principio esperaban quienes participaron en este proyecto,
y ahora una vez concluido, nos permite hacernos idea de la importancia
que ha podido tener esta fortaleza en la historia de La Adrada.
Las obras de restauración han permitido la rehabilitación de las murallas, la torre albarrana y el gran cubo artillero. Vista aérea (Javier del Toro Serrano)
La fortaleza se compone de un doble
recinto amurallado y un foso exterior. En el primero de ellos se encuentra
el núcleo fundacional del conjunto, la iglesia, de tres naves,
mientras que sobre el ábside se construyó posteriormente
un torreón que se configura como parte de la Torre del Homenaje.
El acceso al palacio ha sido reconstruído
utilizando algunas piezas halladas en la escavación. La ventana
está compuesta por dos arquillos con parteluz, recuadrados
por una moldura de tipo islámico llamada alfiz. Corona el conjunto
una ladronera, pequeña obra voladiza para el control vertical
de dicha entrada.
Un templo gótico pasó a formar parte del conjunto palaciego. La iglesia
formaba el núcleo central de la fortificación. Al ábside
de mampostería, cubierto con una bóveda de ladrillo
se accede por un gran arco de triunfo.Sobre
este ábside se levantó a finales del siglo XV
la torre del homenaje.
Columnas de grandes dimensiones
propias de una catedral.
El interior del castillo, de planta rectangular, resultante de la unión de la iglesia gótica basilical de tres naves y del palacio, ha sido durante generaciones y hasta su restauración lugar de juegos y escondite de los niños de La Adrada.
Patio porticado
del palacio, con dos plantas de galerías y estancias o pasadizos
de estructuras adinteladas y abovedadas en sillería. En el
centro boca de un aljibe abovedado subterráneo, de donde se recogía el agua de la lluvia.
Casa del Alcaide, con los zócalos de azulejos y baldosas
exagonales de barro recuperados en la excavación.
Desde la torre del castillo y mediante espejos que reflejaban
la luz solar se transmitían mensajes que a través
de una red de heliógrafos llegaban en menos de dos horas
al Reino de Granada.
Desde la cima donde se alza el castillo, se vigila el panorama forestal del municipio adradense y pueblos limítrofes.
El recinto exterior mide 3.600 metros
cuadrados, mientras que el interior ocupa 1.500.
Tumba encontrada en el interior del castillo. Los escombros de las ruinas han sido como un parapeto para la conservación de las piezas e inscripciones, además de haber permitido el descubrimiento de restos humanos.
En la planta que ahora
se puede observar se conserva la estructura que pudo haber alcanzado
la fortaleza a mediados del siglo XVI, cuando a la primitiva iglesia
se le adosó, al sur, un pequeño palacio, la denominada
Casa del Alcaide (compuesta por una sala con chimenea y una alcoba),
una antepuerta, y elevando sobre el ábside eclesial la torre
del homenaje, a la vez que se protegía el conjunto con una
nueva cerca amurallada.
La marca del cantero en una de las
columnas.
Las obras de restauración que han permitido la reconstrucción del interior y la recuperación de la casa del alcaide y otras dependencias de servicio, también han conseguido desenterrar varias estancias y dar con el hallazgo de numerosas piezas arqueológicas, como mosaicos, cerámicas, monedas y utensilios.
Madrileños, sobre todo, junto a visitantes de Castilla y León, extremeños y castellano-manchegos constituyen el núcleo de viajeros que se acercan a contemplar la restauración del recinto, con una afluencia media diaria de 150 turistas, según el control de visitas.
Esta
fortaleza, inaugurada
el 4 de mayo de 2004, es para todo el Valle del Tiétar
un atractivo turístico de primer orden y el resplandor de su castillo
iluminado, nos recordará la historia y la grandeza del
pueblo de La Adrada.